Nuestra práctica se centra en un proceso de transformación profunda que reestructura la forma en la que concebimos y ofrecemos los servicios en nuestro centro ocupacional, centrado en el voluntariado como vía para que las personas con discapacidad intelectual pasen de ser usuarias pasivas a convertirse en agentes activos de cambio. Las tareas pre-laborales que antes se realizaban de forma aislada ahora se trasladan a contextos reales en la comunidad, generando reconocimiento social, utilidad y sentido.
Este enfoque ha potenciado la autonomía, el liderazgo y la participación activa. Pero, sobre todo, el verdadero motor del cambio ha sido el impacto de estas acciones y el reconocimiento que han generado, que han provocado que las personas se conviertan en miembros más activos dentro del propio servicio, mostrando mayor compromiso, protagonismo y sentido de pertenencia. Cada vez más, son ellas quienes proponen nuevas iniciativas, con mayor coherencia, conexión con la realidad y visión transformadora, lo que alimenta y fortalece continuamente esta dinámica de cambio profundo y compartido. Es un ejemplo claro de cómo, al empoderar a las personas, se genera un cambio cultural hacia una sociedad más inclusiva y participativa.