"Simplemente, una buena vida" impulsa un cambio de mirada: el objetivo es acompañar el buen vivir de cualquier persona, no solo desde sus necesidades de apoyo, sino desde lo que cada uno considera importante en su vida en cualquier momento. Para ello, se ha realizado una simplificación radical de las herramientas técnicas, estructurando el acompañamiento a partir de 21 indicadores de buena vida, que sirven de guía flexible para la conversación, el apoyo y el seguimiento de los impactos.
El modelo promueve una evolución en el estilo de relación profesional, basada en la escucha continua, la orientación respetuosa, la adaptación de apoyos y la generación de nuevas posibilidades, siempre desde el respeto absoluto a la dignidad de cada persona y reconociendo la interdependencia.
Desde 2020, más de 450 profesionales han sido formados en este enfoque, con la participación activa de más de 50 personas con discapacidad intelectual y TEA. Actualmente, más de 1300 personas cuentan con su mapa de acompañamiento personalizado y en 12 meses se han valorado impactos positivos en el 77% de los objetivos personales de buena vida.
El modelo está siendo transferido a otras organizaciones sociales y administraciones públicas, consolidando un cambio cultural en las prácticas profesionales: más escucha, menos burocracia, más agilidad y mejor impacto.