Me llamo Pura.
Tengo 51 años.
Durante muchos años viví en mi casa.
Tenía mis rutinas y mis costumbres.
Conocía bien a mis vecinos y vecinas.
Un día tuve que dejar mi casa
porque no tenía los apoyos que necesitaba.
y me fui a vivir a una residencia.
Esa decisión la tomaron otras personas por mí.
Lo hicieron para cuidarme,
pero no me preguntaron qué quería yo.
Mi casa se quedó vacía durante muchos años
pero mi sueño era regresar a mi casa.
El equipo de profesionales de la residencia me escuchó
y pensaron que aún estaba a tiempo.
Me ayudaron a cumplir mi deseo
y con los apoyos adecuados, volví a mi casa.
Adapté la casa a mis nuevas necesidades.
Y volví a tomar decisiones sobre mi vida.
En ese camino conocí a otra mujer.
Tiene una edad parecida a la mía.
Tenemos muchas cosas en común.
Decidimos vivir juntas.
Compartimos piso, nos ayudamos
y somos buenas amigas.
Hacemos comidas juntas
paseamos por el barrio
y hablamos con los vecinos y vecinas,
Están contentos de verme de nuevo en el barrio.
Yo volví a tener una vida en comunidad.
Mi historia demuestra que con los apoyos adecuados,
las personas con discapacidad intelectual
podemos salir de las residencias
y vivir como queremos.
Yo no solo volví a mi casa.
Recuperé mi vida.
y cumplí mi sueño.