La digitalización como herramienta de apoyo, tiene beneficios demostrados en todas las etapas del ciclo vital, desde edades escolares hasta las personas con DI en proceso de envejecimiento.
En alumnado con discapacidad intelectual en el entorno escolar, facilita el aprendizaje personalizado y la adaptación de la enseñanza disminuyendo barreras, fomenta habilidades cognitivas y sociales y desarrolla la competencia digital.
Para adultos con discapacidad intelectual, apoya su autonomía al proporcionar soluciones tecnológicas que simplifican tareas diarias, fortalecen su independencia, reduce el aislamiento social, reduce la brecha digital...
En personas mayores con discapacidad intelectual en proceso de envejecimiento, la digitalización estimula funciones cognitivas, reduce la sensación de aislamiento y contribuye a un envejecimiento activo.
Su implementación inclusiva transforma desafíos en oportunidades en cada etapa de la vida, y asi se muestra en las distintas acciones que se identifican en los indicadores de esta Buena práctica.