La práctica que os presentamos se ha desarrollado en ATADI, en la Residencia "Estrella", durante los últimos dos años. Los resultados que hemos obtenido no hubieran sido posibles sin la participación, la motivación y las ganas de mejorar de las 23 personas con discapacidad intelectual que viven en ella y su personal de apoyo.
El origen de esta práctica surge de la necesidad de dar respuesta a la diversidad de situaciones que se dan en la convivencia diaria entre este grupo de personas. Comenzamos organizando grupos de trabajo en torno a estas cuestiones con el personal de apoyo y con dos grupos de usuarios de la Residencia.
Sobre estos antecedentes empezamos a trabajar, por una parte con profesionales, sobre un sistema de apoyos basado en los principios de autodeterminación, y por otra con usuarios, sobre la adquisición de habilidades sociales como herramientas para una buena convivencia.
Se trata de una actividad participativa en la que se trabaja por una parte con el personal de apoyo de la Residencia y por otra con las personas con discapacidad intelectual que viven en ella, haciendo una puesta en común entre ambas partes, en las que se llegan a acuerdos y conclusiones que mejoran el funcionamiento del Centro.
Para los profesionales… analizar conjuntamente nuestra manera de reaccionar ante las situaciones diarias que se dan en una convivencia nos hace reflexionar sobre nuestro trabajo y hace que unifiquemos criterios, obtengamos herramientas, habilidades y destrezas que nos ayuden a mejorar nuestra forma de intervenir. Durante todo este tiempo de trabajo hemos creado un sistema de apoyos basado en los principios de autodeterminación. Esta práctica ha favorecido las iniciativas de la persona y su participación en las acciones relevantes para su vida, nos ha permitido conocer sus preferencias, promover que la realización de elecciones esté basada en esas preferencias, intereses, deseos y necesidades.
Para los usuarios… promueve y potencia su participación, además de fomentar el desarrollo de habilidades que les han permitido a través de esta práctica adquirir herramientas para participar en la comunidad. Esta práctica favorece que se lleven a cabo acciones en su vida cuando lo necesitan, considera múltiples opciones y consecuencias para sus decisiones, realiza elecciones basadas en preferencias, intereses, deseos y necesidades de cada persona y favorece un cauce para comunicar a otros esos deseos y necesidades.
Para dar continuidad a esta práctica creamos un Comité de Convivencia, en el que unos representantes del Comité, elegidos por sus compañeros, promueven cambios justos y deseados por todos. Estas personas tienen la función de conciliar y mediar en las decisiones de todos los residentes. Con su creación ofrecemos un espacio para la continúa revisión de las normas de convivencia, porque las necesidades de nuestros usuarios van cambiando y porque creemos en la necesidad de hacer partícipes de esto tanto a las personas con discapacidad a las que atendemos como a los profesionales de atención directa que viven el día a día en nuestro Centro.
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