En 2019, la pandemia de COVID-19 interrumpió los servicios de la Fundación, evidenciando la necesidad de revisar el modelo de apoyos ofrecido. Se constató que los entornos comunitarios, que brindan diversidad de opciones y apoyo, favorecen la autonomía y el crecimiento integral de las personas con discapacidad.
Tras la reapertura en 2021, se diseñó una nueva propuesta de atención diurna, más flexible, inclusiva y personalizada, basada en las demandas expresadas por las propias personas, sus círculos de apoyo, profesionales y familias. Esta organización permite ofrecer apoyos tanto en los centros como en entornos comunitarios, promoviendo conexiones y vínculos sociales. Aunque la gestión del personal se volvió más compleja, la prioridad fue garantizar oportunidades que den sentido a las vidas de las personas.
Los resultados son positivos: se ha comprobado que el contexto influye en las habilidades y competencias, y que un entorno inclusivo fomenta autonomía y bienestar. La comunidad recibe a estas personas valorando sus aportaciones, contribuyendo a un cambio en la percepción de sus capacidades y promoviendo una sociedad más inclusiva y respetuosa.