Desde Plena Inclusión Montijo hemos desarrollado una buena práctica centrada en evitar la institucionalización de una persona con discapacidad intelectual y graves problemas de conducta, a través de una alternativa innovadora y profundamente humana. En lugar de optar por recursos estandarizados como una vivienda tutelada o centro ocupacional, decidimos construir una solución basada en sus deseos, su proyecto de vida y sus propias decisiones: vivir solo en el campo, rodeado de sus animales.
La clave de esta experiencia ha sido la coproducción de apoyos personalizados. Desde el inicio, la persona, su familia, el equipo de salud mental, la comunidad local y nuestro equipo profesional trabajamos juntos en un proceso de escucha, planificación, implementación y seguimiento, compartiendo responsabilidades y decisiones en igualdad de condiciones.
Esta metodología nos permitió generar apoyos flexibles, coordinados y adaptados a su estilo de vida, alejándonos de modelos rígidos. Redujimos a cero sus ingresos psiquiátricos, disminuyó su medicación, mejoraron sus relaciones familiares y aumentó su bienestar emocional. Pero, sobre todo, consiguió vivir como quería: en un entorno elegido, con autonomía, con dignidad y siendo protagonista de su propia vida.
Esta experiencia demuestra que cuando se respeta la voz de la persona y se activan alianzas entre agentes diversos, es posible construir respuestas reales y sostenibles incluso en situaciones muy complejas. Además, valida un modelo replicable de trabajo colaborativo que refuerza la misión del movimiento Plena inclusión: apoyar vidas elegidas, no impuestas.