Esta buena práctica consiste en la implementación de un programa personalizado de intervención con realidad virtual (VR) para una joven de 24 años con diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA). Utilizando las gafas Meta Quest 2 y la aplicación “Social Skills VR”, se diseñaron sesiones estructuradas con el objetivo de desarrollar habilidades sociales funcionales, como el saludo, la conversación o la identificación de emociones, dentro de entornos virtuales seguros y controlados.
El proceso se dividió en cuatro fases: planificación, adaptación al entorno virtual, intervención específica y evaluación. A lo largo del programa se emplearon metodologías basadas en la anticipación, el refuerzo positivo, la supervisión directa y la coordinación familiar, lo que permitió una progresión ajustada a las necesidades sensoriales y cognitivas de la usuaria.
Entre los resultados destacan mejoras en la interacción social, mayor autonomía y reducción de la ansiedad, así como un impacto positivo en el ámbito educativo y familiar. Esta iniciativa representa un modelo innovador, accesible y escalable para entidades del tercer sector que trabajan por la inclusión de personas con discapacidad intelectual y del desarrollo.