En las últimas décadas el liderazgo es la clave para el desarrollo de la sociedad, pues en todos sus niveles la influencia de un líder dinamiza los procesos de cambio y favorece el crecimiento de las personas que integran sus grupos. Por esta razón constituye encargo de las universidades, no solo la formación profesional, sino también su contribución para la gestión y liderazgo de los procesos sociales.
La Educación Superior cubana reformula sus políticas y estrategias de cambio, como respuesta a las exigencias de la formación y estilos de gestión que propicien una mayor participación, motivación y creatividad por parte de la comunidad universitaria, comprometida y responsable en las transformaciones educativas. El perfeccionamiento en los procesos universitarios requiere que las universidades sean capaces de impulsar transformaciones que les permita obtener mejores resultados y cumplir con su objeto social. Para lograrlo, es necesario profundizar en la calidad del proceso desde el ingreso, el diseño de acciones de preparación para el aprendizaje de la profesión y la adquisición de los contenidos básicos de las ciencias propias de su gestión profesional, los resultados de las prácticas educativas universitarias, así como los cambios sociales demandan de procesos, documentos legales y prácticas más inclusivas y asequibles para todos.
En el contexto universitario se pretende producir una transformación a partir de un conjunto de tareas de carácter especializado, que involucre a toda la comunidad universitaria y se oriente hacia la atención a la diversidad durante la formación del estudiante con discapacidad, mediada por el apoyo y niveles de ayuda personalizados, coordinados por un Grupo Gestor que cumple funciones circunstanciales, viabiliza la respuesta a las demandas de la comunidad universitaria en cuanto al acompañamiento, a la atención personalizada, la creación de materiales accesibles y programas especializados, además del asesoramiento necesario, en función de las adaptaciones de acceso al currículo, según necesidades detectadas y demandas por áreas del conocimiento. La garantía de la inclusión educativa implica una visión de cultura inclusiva y de liderazgo a nivel institucional, con un profundo compromiso con la práctica socioeducativa