El objetivo de esta buena práctica es mostrar como la utilización de instrumentos fiables y válidos, así como la observación estandarizada, pueden resultar útiles para la adaptación de los contextos y servicios que ofrece nuestro centro a personas con discapacidad intelectual, especialmente cuando estas personas, nuestros clientes, van entrando progresivamente en un proceso de envejecimiento que, nosotros como profesionales, debemos velar para que sea lo más saludable posible. Los datos a nivel global, nos ofrecen un perfil de población que en torno a una edad aproximada de 50 años comienza a mostrar signos de deterioro propios de la edad en este colectivo, no obstante, la calidad de vida de nuestros clientes se mantiene siempre en niveles adecuados. A nivel individual, los datos analizados nos han permitido obtener información de cada cliente que nos facilita observar aquellas áreas, contextos y actividades o rutinas que es necesario modificar o adaptar para garantizar el bienestar de cada persona. El resultado, como se ha dicho, es que a pesar tanto del deterioro observado a nivel cognitivo, como de un descenso en las habilidades para el funcionamiento en la vida diaria, la calidad de vida de nuestros clientes, observada a través de un instrumento estandarizado como es la GENCAT, se mantiene constante y a un buen nivel en todos los rangos de edad, adaptando SERVICIOS a PERSONAS, y no PERSONAS a SERVICIOS.
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