Esta práctica tiene como finalidad fomentar la creación y consolidación de equipos autónomos de trabajo mixtos, integrados por profesionales, familiares y personas con discapacidad intelectual o del desarrollo (DID). Los equipos, a lo largo de ocho semanas, colaboran en el diseño e implementación de micro-proyectos orientados a mejorar la autodeterminación y la inclusión social de las personas con DID, en contextos reales y significativos.
A través de una metodología centrada en la participación activa y el trabajo en equipo, se busca promover entornos colaborativos en los que todos los miembros contribuyan desde su experiencia y perspectiva. Además del impacto directo sobre las personas con discapacidad, se fomenta el diálogo, la empatía y el reconocimiento mutuo entre profesionales y familiares, mejorando las relaciones y la percepción que tienen unos de otros.
Este enfoque no solo potencia las capacidades de las personas con discapacidad, sino que también transforma las dinámicas tradicionales de intervención, generando procesos más inclusivos, equitativos y sostenibles.