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Colaboración entre Asociación PAUTA y el Huerto Comunitario “Raíz cuadrada”

Colaboramos, cooperamos, coeducamos y contribuimos con un proyecto medio ambiental a una ciudad más sostenible.
Desistitucionalización y vida en la comunidad
España
Comunidad de Madrid
Miguel Hernández
Asociación Pauta

Colaboración entre Asociación PAUTA y el Huerto Comunitario “Raíz cuadrada”

 

Descripción de las entidades colaboradoras

Asociación PAUTA (Madrid): PAUTA es una entidad fundada en 1993 por familiares y profesionales ante la falta de apoyos específicos para personas con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA)​. Su misión es proporcionar apoyos a personas con TEA y sus familias para mejorar su calidad de vida, promoviendo su inclusión como ciudadanos de pleno derecho en una sociedad justa y solidaria​. A lo largo de su historia, PAUTA ha desarrollado servicios integrales: un centro educativo (hoy reconvertido en centro de día para adultos), viviendas tuteladas en la comunidad, programas de ocio y un área de empleo orientada a la inserción socio-laboral​. PAUTA se caracteriza por un enfoque ético y de calidad, basando su trabajo en planes individualizados, participación familiar y búsqueda de alianzas que fomenten la inclusión​. Es miembro de las federaciones Plena Inclusión y Autismo España​ siguiendo sus modelos de buenas prácticas.

Huerto Comunitario “La Raíz Cuadrada”: “La Raíz Cuadrada” es un huerto urbano comunitario ubicado en el parque de Manolete (distrito de San Blas-Canillejas, Madrid), junto al metro Torre Arias​paginadeldistrito.com. El terreno (casi 1.000 m²) pertenece al Ayuntamiento de Madrid, que lo cedió para uso comunitario dentro de la Red de Huertos Urbanos de la ciudad​paginadeldistrito.com​paginadeldistrito.com. Antes de la intervención, el espacio era un rincón abandonado y degradado (“un estercolero”) que nadie quería gestionar​paginadeldistrito.com. En 2017, tras un concurso público, la Asociación PAUTA obtuvo la cesión de este huerto por dos años (​paginadeldistrito.com), encargándose de su puesta en marcha y mantenimiento con un enfoque social e inclusivo. El huerto debe su nombre llamativo (“La Raíz Cuadrada”) a un juego de palabras en español – alude a raíces (de plantas) y a la idea de algo “cuadrado” o comunitario –, reflejando quizá el carácter creativo y comunitario del espacio.

Colaboración PAUTA – La Raíz Cuadrada: A partir de 2017 se estableció una estrecha colaboración por la cual PAUTA gestiona el huerto comunitario e integra en él a personas con espectro autista como parte de sus actividades diarias (​paginadeldistrito.com). El huerto se ha convertido en un “hogar compartido” donde personas con TEA participan activamente junto a otros vecinos/as y voluntarios/as de la comunidad. PAUTA aporta al proyecto la parte de infraestructura administrativa, las personas usuarias del centro de día (adultos/as con TEA) junto con profesionales de apoyo, mientras que la comunidad local aporta voluntarios/as, materiales (plantones, semillas) y asesoramiento técnico, por ejemplo, jardineros municipales y una ingeniera agrónoma brindan guía experta. (​paginadeldistrito.com). Esta sinergia ha transformado el antiguo vertedero en un espacio verde lleno de vida, con huertos en bancales, árboles y áreas de cultivo ecológico​

 

. El huerto comunitario “La Raíz Cuadrada” en el parque de Manolete (Madrid) – un espacio antes abandonado, ahora rebosante de hortalizas y vida comunitaria. Gracias a la colaboración, el parque ha “recobrado vida” y contenido. ​(página del distrito.com​paginadeldistrito.com), convirtiéndose en un punto de encuentro inclusivo en el barrio.

 

https://youtu.be/ZkjnJVoAJ5I?feature=shared

 

 

https://youtu.be/RvtFQFWAhTg?feature=shared

 

Desarrollo de la colaboración y metodología

La colaboración entre PAUTA y el huerto “La Raíz Cuadrada” se basa en incorporar a las personas con discapacidad (TEA) en todas las tareas habituales de un huerto urbano, con los apoyos necesarios. A continuación, se describen las características clave de esta buena práctica, incluyendo las tareas realizadas, los roles de los participantes con discapacidad, los apoyos proporcionados y las actividades formativas:

  • Tareas hortícolas realizadas: Las personas con TEA participan en todo el ciclo de cultivo ecológico. Cada semana acuden al huerto (muchas veces caminando desde el centro PAUTA en San Blas) para realizar labores como preparar la tierra, cavar surcos, sembrar y plantar plantones, regar las plantas, quitar malas hierbas, podar y finalmente cosechar las verduras y hortalizas. En el huerto se cultivan tomates, calabacines, pimientos, zanahorias, acelgas, lechugas, berzas y plantas aromáticas, siguiendo prácticas de agricultura ecológica (sin pesticidas ni químicos). La producción obtenida se destina en parte a las viviendas tuteladas de PAUTA, a las familias de los participantes, así como a los voluntarios/as, lo que asegura que los frutos del trabajo se reinviertan en el bienestar de la comunidad. Además de las labores agrícolas, las personas participantes colaboran en el mantenimiento general del espacio, como arreglar el vallado, mantener una compostera (objetivo planteado para el crecimiento del proyecto) y cuidar las herramientas.
  • Roles de las personas con discapacidad: Las personas usuarias de PAUTA, asumen roles activos y visibles en el huerto. Se los considera co-hortelanos o jardineros/as, con responsabilidades adaptadas a sus capacidades: algunos riegan las plantas diariamente, otros disfrutan cavando zanjas, removiendo tierra o plantando semillas, tareas que realizan con entusiasmo y constancia​. Lejos de ser meros ayudantes, son parte integral del equipo de trabajo. Su presencia es constante, lo que les permite “ser conocidos/as” en el entorno del parque y asumir un sentido de responsabilidad. Cabe destacar que estos roles no son simulados ni terapéuticos aislados, sino auténticas tareas productivas en un entorno real, lo que aumenta su valor percibido.
  • Apoyos proporcionados: Para asegurar la participación efectiva, PAUTA provee apoyos personalizados. Siempre que acuden al huerto, los grupos de personas con TEA van acompañadas por profesionales de PAUTA, que conocen sus necesidades y pueden brindar ayudas visuales, instrucciones claras, supervisión y refuerzo positivo. Además, la colaboración comunitaria ofrece apoyos naturales: voluntarios/as del barrio trabajan codo con codo con los participantes, modelando las tareas y ofreciendo ayuda amistosa cuando hace falta. En los inicios del proyecto, un vecino octogenario, Lorenzo, se unió como voluntario tras ver el huerto y ha compartido sus conocimientos y esfuerzo cavando, regando o plantando junto a las personas, mientras su salud se lo ha permitido. Estas interacciones proporcionan andamiaje social: los voluntarios/as orientan en la tarea y al mismo tiempo tratan a las personas con discapacidad como compañeros/as de trabajo, lo que refuerza su autoestima. También reciben asesoramiento técnico externo: jardineros municipales de la Quinta de Torre Arias (parque histórico adyacente) visitan el huerto y aconsejan sobre técnicas de cultivo, y una ingeniera agrónoma (Noelia) desarrolló su proyecto en el huerto. Convirtiéndose en una voluntaria habitual del proyecto, y en un excelente apoyo natural para las personas usuarias. Todo este entramado de apoyos – profesionales especializados, voluntarios/as locales y expertos técnicos – garantiza un entorno seguro, formativo e inclusivo, donde las personas con TEA pueden desempeñar sus roles con éxito.
  • Metodología de formación: La capacitación de los participantes ocurre principalmente mediante aprendizaje práctico e in situ. Desde los comienzos en 2017, se adoptó un enfoque de “aprender haciendo”: “Empezamos a plantar... sin saber mucho del tema... hemos ido aprendiendo sobre la marcha”, en palabras de un profesional de Pauta que lideró el proyecto en los inicios. Cada nueva tarea (ej. plantar una especie nueva o construir un sistema de riego) se convierte en un taller espontáneo, donde los profesionales y voluntarios explican, muestran y luego los participantes con TEA ejecutan, consolidando habilidades por repetición diaria. Durante la actividad, se refuerzan conceptos de forma concreta: al cosechar, por ejemplo, aprenden sobre estacionalidad de los cultivos; al regar, entienden las necesidades de agua de cada planta, etc. Esta metodología vivencial se complementa con el acompañamiento emocional: se celebran los logros (como la primera cosecha de tomates) y se usa cada reto como oportunidad de crecimiento personal. En resumen, el huerto funciona como un aula abierta: los/as participantes desarrollan competencias laborales y sociales en un contexto real, con apoyo continuo y con retroalimentación inmediata de la naturaleza (ven resultados tangibles de su trabajo).

El desarrollo de la colaboración ha sido progresivo y sostenible. Tras la exitosa puesta en marcha en 2017, con la instalación de un vallado, puerta y malla gallinera para proteger el huerto​, el proyecto se consolidó. Aunque la cesión inicial era de dos años, la iniciativa ha continuado (renovándose la concesión) gracias a sus buenos resultados. Actualmente, La Raíz Cuadrada sigue siendo atendido por los usuarios de PAUTA a diario y se ha convertido en un referente local de sostenibilidad urbana e inclusión. El Ayuntamiento de Madrid lo incluye en rutas de huertos urbanos, y la comunidad lo reconoce como un ejemplo de colaboración entre una entidad social y el barrio. 

Todo ello ha requerido un esfuerzo metodológico importante: coordinación constante entre PAUTA y la plataforma de Huertos Urbanos, reuniones con familias para explicar el proyecto y obtener su apoyo, y ajustes continuos para mejorar la experiencia (por ejemplo, adaptar horarios de trabajo en verano por el calor, o disponer apoyos visuales y estructuración temporal para participantes con autismo que requieren rutina). La planificación centrada en la persona (que detallamos más adelante) ha guiado estos ajustes, asegurando que cada participante esté cómodo, aprenda a su ritmo y logre sus metas personales dentro del huerto.

Impacto en la calidad de vida de los participantes (enfoque Schalock y Verdugo)

La colaboración ha tenido un impacto muy positivo en la calidad de vida de las personas con discapacidad que participan. Desde la perspectiva de Schalock y Verdugo (modelo teórico que define múltiples dimensiones de calidad de vida​, se pueden destacar mejoras en inclusión social, autodeterminación, desarrollo personal, relaciones interpersonales y bienestar emocional – cinco de las dimensiones clave señaladas por estos autores. A continuación, se analiza cada dimensión y cómo el proyecto la potencia:

  • Inclusión social: El huerto comunitario brinda a las personas con TEA la oportunidad de participar activamente en la vida de su comunidad, en un entorno común y visible. En lugar de realizar actividades en entornos segregados, los participantes “se forman parte de la comunidad, utilizando los recursos comunitarios” ​ Trabajar en el huerto del barrio significa que interactúan regularmente con vecinos/as, voluntarios/as y otros hortelanos urbanos. Esto ha fomentado una auténtica red de apoyo natural: “Todo el mundo nos ayuda”, -apunta un voluntario-refiriéndose a las constantes aportaciones de vecinos/as con plantas y asistencia​. Los participantes son conocidos y valorados en el barrio por su contribución. Esta visibilidad positiva reduce estereotipos y barreras: desde otros huertos se les percibe como ciudadanos/as activos/as  y colaboradores en la mejora del entorno urbano, lo que mejora su aceptación social. En términos de inclusión, han pasado de ser receptores de apoyo a ser también contribuyentes en la comunidad, lo cual es la esencia de la inclusión social real. Cabe destacar que el huerto está abierto al público y a la participación de cualquiera, de modo que las personas con discapacidad comparten espacio y proyecto con personas sin discapacidad en igualdad de condiciones. Esta convivencia cotidiana – regar juntos, comentar el crecimiento de las plantas, celebrar la cosecha – fortalece su sentimiento de pertenencia social. En resumen, el proyecto ha derribado muros y construidos puentes: de la marginación a la presencia activa en la comunidad (“rompiendo barreras” literalmente, como simboliza el corto de cine mudo “Rompiendo barreras” que el taller de PAUTA filmó en el propio huerto​.
  • Autodeterminación: La autodeterminación se refiere a la capacidad de tomar decisiones y controlar la propia vida. En el huerto, este aspecto se ve estimulado de varias formas. Primero, las personas participantes eligen participar en el proyecto acorde a sus intereses (muchos muestran afinidad por actividades al aire libre o con plantas). PAUTA aplica Planificación Centrada en la Persona, diseñando un plan individual para cada usuario y promoviendo la elección y la toma de decisiones de cada persona con TEA​. Así, en el huerto se anima a que cada uno/a tome pequeñas decisiones cotidianas. Estas decisiones sencillas refuerzan su sentido de control. Segundo, con el tiempo han asumido roles de responsabilidad: por ejemplo, puede asignarse a alguien la tarea fija de controlar el riego de una parcela o alimentar la compostera, convirtiéndose en “especialista” de esa tarea. Tercero, el entorno del huerto es muy propicio para desarrollar autodeterminación porque es flexible y tolerante: no es un lugar hiper-exigente como un trabajo competitivo, sino que permite que cada persona marque su ritmo. Si alguien un día prefiere observar en vez de cavar, se respeta; si otro muestra interés por probar una nueva tarea, se le ofrece esa oportunidad. 
  • Desarrollo personal: La experiencia en el huerto ha propiciado un notable crecimiento personal en las personas participantes, dotándoles de nuevas habilidades, conocimientos y competencias. Han aprendido todo lo relativo a la horticultura urbana: desde técnicas agrícolas (preparar semilleros, distinguir plantas, abonar, controlar plagas de forma ecológica) hasta hábitos de trabajo (puntualidad, seguir pasos de un proceso, finalizar tareas). Este aprendizaje práctico aumenta sus capacidades cognitivas y motoras: por ejemplo, mejorar la motricidad fina al plantar una semilla, o la orientación espacial al distribuir plantas en un bancal. Además, el proyecto incluye actividades formativas complementarias: es común que se organicen talleres sobre medio ambiente, reciclaje o alimentación saludable vinculados al huerto, abiertos a la ciudadanía, donde las personas participantes amplían su formación teórica. En resumen, el huerto actúa como un entorno pedagógico integral que estimula el desarrollo de cada persona en sus dimensiones intelectual, física y adaptativa. Cada logro alcanzado (una planta que crece, una tarea completada) amplía sus horizontes y prepara para metas diferentes.
  • Relaciones interpersonales: El proyecto ha tenido un impacto profundo en las habilidades sociales y las relaciones de las personas participantes. Trabajar en “La Raíz Cuadrada” implica que no es un trabajo aislado; por el contrario, se interactúa constantemente con otras personas en un contexto agradable. Esto les ha permitido ampliar su red social más allá de su familia y profesionales. Han surgido vínculos significativos con los voluntarios del huerto: por ejemplo, la relación entre los jóvenes de PAUTA y el voluntario Lorenzo (de más de 80 años) es de mutuo cariño y respeto – se ven a diario, comparten anécdotas del huerto, y Lorenzo incluso ha mencionado cómo disfruta enseñándoles lo que recuerda de su niñez en el campo (​paginadeldistrito.com). Han mejorado en comunicación y cooperación: muchos aprenden a pedir ayuda cuando la necesitan, a ofrecer ayuda al compañero, a turnarse en el uso de herramientas y a resolver juntos pequeños problemas (¿cómo sujetar una planta que crece torcida?, etc.). Esto ha supuesto un ejercicio práctico de competencias sociales que a menudo son difíciles de generalizar en contextos terapéuticos tradicionales. Al estar en un ambiente relajado, al aire libre, la interacción fluye de forma más natural. 
  • Bienestar emocional: El impacto quizás más visible e inmediato está en el estado anímico y emocional de las personas participantes. La actividad hortícola y el contacto con la naturaleza son reconocidos por sus beneficios terapéuticos. Diversos factores contribuyen a ello: el ejercicio físico moderado al aire libre libera tensiones; la rutina de cuidar plantas aporta estructura y propósito a su día, reduciendo ansiedad; y lograr pequeñas metas (una planta que florece, un bancal limpio de hierbas) genera satisfacción personal. La reducción de comportamientos desafiantes ha sido un efecto colateral observado: al canalizar energía en labores físicas y mantener la mente ocupada de forma significativa, se reporta que ha disminuido la irritabilidad o estereotipias en algunos participantes durante el resto del día. El huerto actúa casi como una terapia ocupacional al aire libre, brindando calma y alegría.

 

Contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

La buena práctica de PAUTA y “La Raíz Cuadrada” no solo beneficia a nivel individual, sino que alinea sus resultados con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. En particular, contribuye de manera destacada a los ODS 3, 4, 8, 10 y 11, tal como se detalla a continuación:

  • ODS 3: Salud y Bienestar. El ODS 3 busca garantizar vidas saludables y promover el bienestar para todos/as. La colaboración lo promueve en múltiples niveles. Por un lado, mejora la salud física y mental de las personas participantes. La jardinería implica actividad física regular (cavar, agacharse, caminar por el parque) que contribuye a su condición física, y reduce el sedentarismo. Asimismo, el contacto con la naturaleza y el sentido de logro mejoran la salud mental y emocional, reduciendo estrés y aumentando la autoestima (como se describió, hay evidencias de mayor tranquilidad y satisfacción personal). Por otro lado, el huerto promueve hábitos de vida saludables: los participantes aprenden sobre alimentación sana y sostenible al cultivar sus propias verduras.  También se generan dinámicas de autocuidado y cuidado mutuo, componentes esenciales del bienestar: en el huerto todos están pendientes de la seguridad (usar guantes, hidratarse bajo el sol, etc.) y los/as profesionales y los/as vecinos/as enseñan sobre prevención (por ejemplo, qué plantas no tocar, higiene tras la jornada, etc.). Adicionalmente, desde una perspectiva comunitaria, el huerto aporta salud al barrio: embellece el entorno, crea un espacio de esparcimiento al aire libre para vecinos/as y actúa como pequeño pulmón verde que mejora la calidad ambiental (lo que redunda en bienestar colectivo).
  • ODS 4: Educación de Calidad. Este objetivo se refiere a asegurar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, promoviendo oportunidades de aprendizaje durante toda la vida. La experiencia de PAUTA en el huerto es un ejemplo de educación inclusiva no formal y de aprendizaje a lo largo de la vida. Personas adultas con TEA, que a menudo encuentran pocas oportunidades formativas tras la etapa escolar, están adquiriendo nuevos conocimientos y habilidades prácticas en un contexto real. El huerto funciona como un aula abierta donde se imparten contenidos de horticultura, ecología y vida sostenible de forma accesible y personalizada. Esto cumple con la idea de proporcionar educación adaptada a las necesidades de cada persona, un principio clave del ODS 4. Además, es educación inclusiva porque el aprendizaje ocurre en un entorno compartido con personas sin discapacidad, sin segregación El proyecto también actúa como sensibilización para la comunidad: voluntarios/as y visitantes del huerto “aprenden a aprender” sobre inclusión, comprendiendo mejor las capacidades de las personas con autismo – un tipo de educación en valores que encaja con las metas de educación de calidad inclusiva-. En conclusión, aunque no es un programa educativo formal, esta práctica aporta al ODS 4 porque ofrece formación relevante, equitativa e inclusiva a un colectivo vulnerable, y demuestra un modelo educativo centrado en la persona y en la comunidad.
  • ODS 8: Trabajo Decente y Crecimiento Económico. El ODS 8 promueve el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos/as, incluyendo a personas con discapacidad, y el crecimiento económico inclusivo. La iniciativa del huerto, si bien es de carácter principalmente voluntario/ocupacional y no un empleo remunerado, sienta las bases para la empleabilidad de las personas con TEA en entornos laborales reales. En la práctica, el huerto es una experiencia pre-laboral donde desarrollan rutinas de trabajo, ética laboral (responsabilidad, puntualidad, perseverancia) y competencias técnicas (agricultura urbana) que pueden ser aplicables a empleos futuros en jardinería, viveros, mantenimiento de parques u otras áreas. PAUTA, a través de su Área de Empleo, busca precisamente “experiencias laborales en entornos reales de trabajo, con apoyo y formación”​ y el huerto cumple con ese rol formativo. 

 

Algunos participantes podrían evolucionar hacia empleos verdes o ser contratados en empresas de jardinería gracias a las habilidades adquiridas. Incluso sin contrato formal, su trabajo en el huerto es productivo y con sentido, lo cual entra en la noción de trabajo decente al proporcionar dignidad y realización personal. En términos de crecimiento inclusivo, la iniciativa demuestra que las personas con discapacidad pueden contribuir activamente a la economía circular y verde: cultivan alimentos (que tienen un valor económico y evitan gastos a sus familias), mantienen un espacio que revaloriza el barrio (posiblemente atrayendo visitantes al parque), y algunos excedentes de cosecha podrían intercambiarse o donarse, generando micro-emprendimientos sociales. 

ODS 10: Reducción de las Desigualdades. Este objetivo busca reducir la desigualdad dentro y entre los países, incluyendo la inclusión social, económica y política de todas las personas, independientemente de su discapacidad, edad u otra condición. La esencia misma del proyecto PAUTA–La Raíz Cuadrada es la inclusión social de un colectivo tradicionalmente excluido, contribuyendo directamente a reducir las desigualdades. Antes, las personas con autismo de PAUTA podían estar limitados a entornos protegidos; ahora participan en igualdad de condiciones en una actividad comunitaria, visibilizándose en el espacio público. Esto reduce la brecha de participación entre personas con y sin discapacidad. El huerto sirve de plataforma para reivindicar los derechos de las personas con discapacidad a ser parte de la sociedad (alineado con la Convención de la ONU sobre Derechos de Personas con Discapacidad y con las metas del ODS 10).  La misión de PAUTA de “incluir a la persona con TEA como ciudadana de pleno derecho” se materializa en este proyecto​ porque promueve igualdad de oportunidades: muestra que con los apoyos adecuados, las personas con autismo pueden realizar contribuciones significativas, igual que cualquier otro ciudadano/a, rompiendo desigualdades de acceso a actividades de ocio, formación o trabajo. También podríamos considerar que reduce desigualdades territoriales en la ciudad: barrios periféricos como San Blas cuentan con proyectos innovadores de inclusión, descentralizando las oportunidades (no todo ocurre en el centro). En definitiva, cada vez que un participante de PAUTA trabaja en el huerto y es reconocido por ello, se está cerrando la brecha de la desigualdad social: ya no son “ellos aparte”, son nosotros/as, cultivando comunidad.

  • ODS 11: Ciudades y Comunidades Sostenibles. Este objetivo busca lograr que las ciudades sean inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles. La colaboración PAUTA-huerto es un claro ejemplo de cómo la inclusión social y la sostenibilidad ambiental pueden ir de la mano a nivel local, aportando a varias metas del ODS 11. En primer lugar, hace más inclusivo el espacio urbano: el parque de Torre Arias ahora alberga un huerto comunitario donde conviven personas de distintas edades, origen y capacidades, promoviendo la convivencia y la cohesión social en el vecindario. Se ha transformado un espacio degradado en un lugar accesible y útil para todos – se podría decir que “da vida y contenido” al rincón del parque​ (paginadeldistrito.com). Esto contribuye a proporcionar acceso universal a espacios verdes y públicos seguros, inclusivos y accesibles, especialmente para personas con discapacidad. En segundo lugar, el huerto en sí fomenta la sostenibilidad ambiental urbana: es un foco de agricultura ecológica que mejora la biodiversidad local (atrae insectos polinizadores, enriquece el suelo) y educa sobre prácticas sostenibles a la comunidad (compostaje, consumo local). Está integrado en la Red de Huertos Urbanos de Madrid, iniciativa municipal que apoya la sostenibilidad en los barrios​. El éxito de “La Raíz Cuadrada” demuestra cómo una ciudad puede ser más sostenible y más inclusiva simultáneamente, sin que una cosa excluya la otra. En tercer lugar, el proyecto aumenta la resiliencia comunitaria: al crear redes de vecinos activos y solidarios (voluntarios, familias PAUTA, etc.), el barrio está mejor preparado para cooperar ante desafíos locales. Por ejemplo, durante la pandemia de COVID-19, muchos huertos urbanos fueron vitales para mantener actividad física.Por último, esta colaboración sienta un precedente replicable para otras comunidades, incorporando la discapacidad en las políticas de urbanismo participativo. En suma, aporta al ODS 11 construyendo una comunidad urbana más inclusiva, verde y cohesionada, donde desarrollo sostenible incluye explícitamente la participación de todos los ciudadanos.

Beneficios comunitarios y sociales adicionales

Más allá de los impactos individuales y de los ODS, la colaboración entre PAUTA y el huerto “La Raíz Cuadrada” genera numerosos beneficios comunitarios y sociales en el entorno. Estos beneficios trascienden a los participantes directos y mejoran la vida del barrio y la sociedad en general:

  • Regeneración del entorno y orgullo barrial: El huerto ha recuperado un espacio urbano antes abandonado, limpiándolo y dándole un uso productivo. Donde antes había suciedad y marginalidad, ahora hay huertas cuidadas y flores, lo cual embellece el paisaje del parque. Esto ha incrementado el orgullo de la comunidad local por su barrio; vecinos comentan con satisfacción la transformación lograda. El hecho de que una asociación local (PAUTA), arraigada en el distrito, sea quien gestiona el huerto, refuerza el sentimiento de pertenencia: es un proyecto “nuestro”. Las autoridades locales también perciben positivamente esta mejora: se demuestra que la colaboración ciudadana (incluyendo a colectivos diversos) puede mantener espacios públicos en buen estado. Este éxito puede motivar a replicar iniciativas similares en otros parques o solares urbanos de Madrid.
  • Cambio de percepción y sensibilización social: Uno de los mayores logros sociales es el cambio de mirada hacia la discapacidad. Ver a personas con autismo trabajando semanalmente en el huerto, contribuyendo al barrio, rompe prejuicios. Muchas personas que antes desconocían o tenían ideas erróneas sobre el autismo ahora los ven de forma natural e inclusiva: son parte del vecindario, con sus capacidades y aportes. Este contacto directo sensibiliza más que cualquier campaña teórica. 
  • Fortalecimiento del tejido comunitario y convivencia: El huerto ha actuado como punto de encuentro intergeneracional e intercultural. Participan jóvenes, adultos y personas mayores; personas con autismo y sin él; técnicos municipales y vecinos/as; familias de diversos orígenes… Todos interactuando en un objetivo común. Esta mezcla inusual ha tejido nuevas relaciones sociales en el barrio. Gente que quizá nunca se hubiera conocido ahora trabaja lado a lado. Se ha creado una pequeña comunidad hortelana, con sus lazos de amistad y solidaridad. 
  • Vínculos con el entorno natural y conciencia ecológica: La colaboración ha acercado tanto a los participantes de PAUTA como a los vecinos/as al contacto con la naturaleza en plena ciudad. Muchos de los usuarios con TEA vivían en entornos urbanos con poco acceso a experiencias naturales; gracias al huerto ahora sienten una fuerte conexión con la tierra y los ciclos naturales, lo cual enriquece su calidad de vida. Esta conexión tiene también un efecto espiritual/emocional para cualquiera que participa: cultivar vida genera esperanza y paciencia, valores comunitarios importantes. 

En síntesis, esta buena práctica ha generado una sinergia comunitaria: las personas con discapacidad encuentran inclusión y propósito; la comunidad obtiene un espacio verde activo y un ejemplo de valores; y la ciudad avanza hacia la cohesión social. La convivencia diaria en el huerto ha forjado un microcosmos de sociedad inclusiva, donde se aprende que cada persona, con sus apoyos, puede contribuir al bien común. Estos beneficios comunitarios fortalecen el tejido social y sientan bases culturales para la inclusión como norma, trascendiendo el proyecto en sí.

 

Enfoque metodológico: Planificación Centrada en la Persona y modelos de Plena Inclusión

El éxito de la colaboración PAUTA–La Raíz Cuadrada descansa sobre un sólido enfoque metodológico centrado en la persona, en línea con los modelos defendidos por Plena Inclusión/FEAPS. A continuación, describimos cómo la Planificación Centrada en la Persona (PCP) y otros principios de Plena Inclusión se reflejan en esta buena práctica:

  • Planificación Centrada en la Persona (PCP): La PCP es un modelo de intervención que coloca a la persona con discapacidad en el centro de todas las decisiones y planes que afectan su vida, asegurando que se actúe desde su propia perspectiva, sus deseos y necesidades​. En PAUTA, la PCP es un pilar fundamental de su forma de trabajar: cada persona usuaria tiene un plan individual con objetivos personales y el apoyo de un “grupo de apoyo” que le ayuda a ser protagonista de su vida​. La colaboración con el huerto nació precisamente de identificar, a través de la PCP, intereses y aspiraciones de las personas usuarias. Así, la participación en “La Raíz Cuadrada” forma parte de los planes personales: para algunas personas, cuidar el huerto puede ser un objetivo en su Plan Personal de Vida. Durante la ejecución, la PCP se evidencia en que cada persona tiene apoyos ajustados a su perfil: unos necesitan apoyos visuales, otros modelado, otros solo supervisión; PAUTA provee estos apoyos individualizados para que cada persona alcance sus metas dentro del proyecto. Además, se respetan sus preferencias: si alguna persona muestra que no le agrada cierta tarea, se busca otra función para ella en el huerto. 
  • Modelo de Calidad de Vida y apoyos de Plena Inclusión: Plena Inclusión promueve un modelo centrado en la calidad de vida (basado en Schalock y Verdugo) y en la provisión de apoyos personalizados para lograrla​ PAUTA, como miembro de Plena Inclusión, sigue este modelo en el que “los planes individualizados de apoyo” deben mejorar la vida de las personas, y para ello deben hacerse desde la perspectiva de la propia persona y su entorno cercano​. La colaboración con el huerto ejemplifica la aplicación de estos principios: se proporciona un apoyo natural y significativo (el huerto) que incide directamente en varias dimensiones de calidad de vida (ya vimos inclusión, autodeterminación, etc.). Plena Inclusión hace hincapié en la inclusión comunitaria y en el uso de recursos comunitarios frente a la creación de entornos segregados.
  • Enfoque ético y de derechos (Plena Inclusión): Otro aspecto metodológico es el compromiso ético con los derechos y la dignidad de las personas con discapacidad. El Proyecto Ético de PAUTA y sus valores (confianza, dedicación, participación, transparencia, solidaridad) ​ se ven reflejados en esta iniciativa. Se parte de la premisa de que “toda persona adulta tiene derecho a un trabajo digno y a contribuir al desarrollo socioeconómico”​ y “a participar en la comunidad en igualdad de condiciones”​. El huerto no es solo terapia ocupacional: es el ejercicio de un derecho a la participación social y laboral. Esta mirada de derechos impregna la metodología, evitando actitudes paternalistas. 
  • Herramientas y modelos específicos (H.O.R.A, etc.): En el ámbito de Plena Inclusión han surgido herramientas metodológicas para fomentar la inclusión desde diversos servicios. Una de ellas es la metodología H.O.R.A. para la Inclusión (Herramienta Orientada a la Reflexión y la Acción) desarrollada para centros de educación especial, dentro de los Cuadernos de Buenas Prácticas FEAPS. Si bien H.O.R.A. está concebida para entornos escolares, comparte con este proyecto la idea de planificar cambios que lleven a la inclusión real de las personas usuarias en la comunidad. Otro modelo relevante de Plena Inclusión es el de Apoyo Activo (Active Support), que busca que las personas con grandes necesidades participen activamente en todo tipo de actividades cotidianas. El huerto es un escenario perfecto de apoyo activo: en vez de hacer por ellos, el equipo profesional, se asegura de hacer con ellos/as, propiciando participación constante en cada paso de la jornada de huerto. La filosofía de “nada sobre nosotros sin nosotros” se cumple desde la raíz: las personas usuarias no son espectadores, son protagonistas. 

En conclusión, el enfoque metodológico de esta colaboración es coherente con las mejores prácticas defendidas por Plena Inclusión. Ha demostrado que, mediante la planificación centrada en la persona, los apoyos adecuados y la alianza con la comunidad, es posible convertir un ideal (inclusión plena) en realidad tangible. Cada elemento metodológico – desde el diseño individualizado hasta la alianza con voluntarios/as – está orientado a un objetivo claro: mejorar la vida de las personas con TEA en el contexto de su comunidad. Esto hace de la experiencia PAUTA–La Raíz Cuadrada un modelo a seguir dentro de los servicios para personas con discapacidad intelectual o del desarrollo.

 

Impacto y testimonios

A lo largo del desarrollo del proyecto se han recopilado diversas evidencias cualitativas que respaldan su impacto positivo. Aunque no siempre hay disponibles datos numéricos extensos (al tratarse de un proyecto comunitario más que de un estudio formal), las siguientes evidencias ilustran los logros alcanzados:

  • Testimonios de los voluntarios/as y vecinos/as: Lorenzo Carrera, voluntario octogenario, que comenzó en el proyecto, comentó: “Estaba ocioso, les pregunté si podía ayudar en el huerto y aquí estoy cavando zanjas, regando o plantando... hemos ido sacando esto adelante... el día a día ha sido la escuela del huerto” ​(paginadeldistrito.com). Su testimonio es doblemente valioso: por un lado muestra el impacto positivo en él mismo (encontró un propósito y actividad en su jubilación gracias al huerto), y por otro lado confirma el aprendizaje continuo y la camaradería en el huerto (“hemos ido aprendiendo sobre la marcha” implica que voluntarios y personas con TEA aprendieron juntos). Otros vecinos han expresado en redes sociales el orgullo por el huerto comunitario “nuestro hogar compartido, donde personas con autismo son parte integral de nuestra comunidad, trabajando juntos...” (mensaje difundido en la página de Instagram de Asociación Pauta, 2023). Aunque las redes sociales oficiales requieren acceso para citas precisas, la narrativa común es elogiar la labor de las personas con discapacidad en favor del barrio, indicando que su trabajo “no solo contribuye a la sostenibilidad urbana, sino que también fomenta la inclusión” (mensaje en Facebook de PAUTA, 2018). 
  • Participación y continuidad: Una evidencia cuantitativa básica es la sostenibilidad y crecimiento del proyecto en el tiempo. Desde 2017 hasta la actualidad (2025), el huerto La Raíz Cuadrada sigue activo y PAUTA continúa involucrada, lo cual indica que cumple sus objetivos para todas las partes (de lo contrario, habría sido abandonado al cabo de un tiempo, como ocurre con proyectos poco eficaces). Actualmente, prácticamente la totalidad de las personas del centro de día participan por turnos en el huerto. Esto significa que decenas de personas con TEA se han beneficiado directamente de la iniciativa a lo largo de estos años. Asimismo, el voluntariado se ha consolidado: se cuenta con un grupo estable de vecinos/as (se podrían cuantificar en torno a 8-10) y otros colaboradores ocasionales en eventos. Este mantenimiento de recursos humanos voluntarios demuestra que el proyecto genera satisfacción en quienes colaboran, una evidencia indirecta de impacto positivo (la gente suele continuar en voluntariados que perciben valiosos).
  • Difusión en medios : El proyecto ha sido difundido en medios locales y redes, lo que actúa como validación externa. Por ejemplo, la Página del Distrito (medio local de San Blas-Canillejas) publicó un reportaje destacando cómo “La Raíz Cuadrada da vida al parque de Manolete” y pone en valor el rol de PAUTA y sus miembros en esa transformación​.

 

En suma, la buena práctica de PAUTA y “La Raíz Cuadrada” se confirma como un modelo ejemplar de colaboración inclusiva, coherente con tendencias internacionales, y demuestra en la realidad cotidiana cómo la unión de discapacidad, comunidad y naturaleza puede generar frutos abundantes en calidad de vida, sostenibilidad y cohesión social. Las raíces de la inclusión plantadas en este huerto madrileño sin duda seguirán creciendo y ramificándose, inspirando a otras comunidades a cultivar su propia “raíz cuadrada” de integración y solidaridad.

 

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