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Colaboración entre Asociación PAUTA y Centro de Protección Animal Henares-Jarama

Persona usuaria de Pauta, con su profesional de apoyo. Relacionándose con un perro de la Protectora.
Desistitucionalización y vida en la comunidad
España
Comunidad de Madrid
Miguel Hernández
Asociación Pauta

La siguiente buena práctica describe la experiencia de colaboración entre la Asociación PAUTA (entidad dedicada al apoyo de personas con Trastorno del Espectro del Autismo, TEA) y el Centro de Protección Animal de la Mancomunidad Henares-Jarama, en la Comunidad de Madrid. Esta iniciativa se enmarca en el área de empleo de PAUTA, aplicando la Planificación Centrada en la Persona (PCP) como metodología de trabajo y orientándose al modelo de calidad de vida descrito por Schalock y Verdugo. En esencia, la actividad consiste en que personas adultas con TEA y grandes necesidades de apoyo participan regularmente en el paseo de perros del centro de protección animal, con apoyos personalizados.

La PCP es un proceso de planificación de apoyos donde la persona con discapacidad es el eje central de todas las decisiones​. A través de esta metodología, se colabora con la persona, su familia y su entorno para diseñar actividades significativas acordes a sus preferencias, con el objetivo de mejorar su calidad de vida​. En este caso, esta manera de intervenir, permitió identificar el gusto e interés por los animales en ciertas personas usuarias de PAUTA, de modo que pasear perros abandonados se planteó como actividad significativa para ellos/as. Es importante destacar que, siguiendo este enfoque, no todas las personas con TEA disfrutan de los perros, por lo que se valora individualmente quiénes mostrarían afinidad antes de iniciar el programa.

Por otra parte, el modelo de calidad de vida de Schalock y Verdugo aporta un marco para evaluar los resultados de la iniciativa. Este modelo identifica ocho dimensiones clave que contribuyen a una vida plena​.

  • Bienestar físico: salud y cuidado del cuerpo. 
  • Bienestar emocional: sentirse tranquilo, seguro y sin ansiedad​.
  • Relaciones interpersonales: vínculos positivos con otras personas.
  • Bienestar material: tener recursos y estabilidad económica.
  • Desarrollo personal: aprendizaje, crecimiento y realización de metas.
  • Autodeterminación: capacidad de elegir y dirigir la propia vida.
  • Inclusión social: participación en la comunidad y sentido de pertenencia.
  • Derechos: ejercicio efectivo de los derechos humanos y ciudadanía.

Estas dimensiones guían la planificación y evaluación de la actividad, asegurando que la colaboración no solo ofrezca un pasatiempo, sino que realmente aporte beneficios tangibles en la calidad de vida de las personas con TEA participantes. Asimismo, la experiencia se vincula con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU, especialmente aquellos relativos a la inclusión de personas con discapacidad. La Agenda 2030 reconoce explícitamente a las personas con discapacidad como grupo vulnerable a considerar, mencionando objetivos como ODS 4 (educación inclusiva), ODS 8 (trabajo decente), ODS 10 (reducción de desigualdades), ODS 11 (ciudades inclusivas) y ODS 17 (alianzas para lograr los objetivos)En línea con el principio de “no dejar a nadie atrás”, esta colaboración ejemplifica cómo una alianza local puede contribuir a los ODS promoviendo la inclusión y mejorando la vida de personas con discapacidad intelectual.

La iniciativa surge de la convergencia de dos necesidades identificadas en el contexto local: por un lado, la necesidad de oportunidades de participación socio-laboral para personas con TEA de alto nivel de apoyo; y por otro, las dificultades que enfrentan las protectoras de animales en la Comunidad de Madrid para brindar atención adecuada a todos los animales abandonados. La Asociación PAUTA, cuya misión es mejorar la calidad de vida de las personas con autismo y promover su inclusión como ciudadanos de pleno derecho​ buscaba nuevas actividades significativas para adultos con autismo en su Área de Empleo.

Al mismo tiempo, el Centro de Protección Animal Henares-Jarama (que da servicio a varios municipios) afronta problemas comunes a muchas protectoras: saturación de animales, recursos limitados y necesidad de voluntarios/as. En Madrid se recogen oficialmente más de 4.000 perros abandonados al año, pero las asociaciones estiman que la cifra real es mucho mayor y que los centros de recogida están constantemente al límite de su capacidad​. 

Organizaciones como la Federación de Protectoras (FAPAM) describen la situación como “un drama”, con refugios saturados y miles de animales esperando familia​ La aplicación de políticas como el sacrificio cero sin el aumento suficiente de recursos ha provocado que muchos centros estén desbordados, reduciendo nuevas admisiones de animales y generando listas de espera para entrar a refugios​. En este contexto, cualquier apoyo extra es bienvenido: las protectoras necesitan personas que ayuden paseando a los perros, socializándolos, limpiando instalaciones o simplemente dándoles atención y afecto para mejorar su bienestar mientras esperan adopción. ​

En este panorama, PAUTA y la Mancomunidad Henares-Jarama identificaron una oportunidad de colaboración mutuamente beneficiosa. Mediante un convenio, se acordó que un grupo de personas usuarias del centro de día de PAUTA, acompañadas por sus monitores/as, acudiría periódicamente al Centro de Protección Animal para realizar tareas de voluntariado adaptadas, principalmente el paseo de perros. Esta actividad se diseñó siguiendo los principios de la Planificación Centrada en la Persona: cada participante fue elegido porque manifestó interés y comodidad en la interacción con animales. Se tuvieron en cuenta las fortalezas y preferencias individuales –por ejemplo, afinidad por caminar al aire libre, gusto por los perros o necesidad de rutinas estructuradas– para asegurar que la experiencia fuera positiva. La PCP supone “dar voz y poder a la persona” ​; en la práctica, esto implicó reuniones previas para identificar oportunidades entre el equipo multidisciplinar y las personas usuarias, así como con sus familias para explicar la actividad, recoger sus opiniones (verbalmente o mediante sistemas alternativos de comunicación) y planificar los apoyos necesarios. Algunas personas usuarias requirieron adaptaciones y ensayos: se realizó primero alguna visita piloto al refugio sin interacción directa, para que se familiarizaran con el entorno (ruidos, olores, presencia de muchos perros). También se preparó al personal del centro de protección animal mediante sesiones de sensibilización sobre autismo, de modo que comprendieran mejor las particularidades de los voluntarios/as de PAUTA (por ejemplo, la necesidad de anticipar las tareas, usar instrucciones claras y respetar posibles sensibilidades sensoriales).

Es importante mencionar que no todas las personas con autismo “encajan” naturalmente en una actividad con animales, y eso se respetó plenamente. Como indica la asociación DogPoint (especializada en perros de asistencia para TEA), tener un perro no es beneficioso per se para todas las personas con autismo; lo primero es preguntar: “¿le gustan los perros?”. Bajo esta premisa, en PAUTA solo se invitó a participar a quienes mostraban afinidad. Aquellos usuarios con miedo o desagrado hacia los perros continuaron con otras actividades alternativas más acordes a sus intereses (por ejemplo, huerto urbano o piscina terapéutica). Esta selección cuidadosa, fue clave para el éxito: se evita imponer una actividad que podría causar estrés en lugar de bienestar.

En cuanto a la Mancomunidad Henares-Jarama, su Centro de Protección Animal se encarga de recoger, cuidar y buscar hogar a animales de compañía abandonados en varios municipios del Corredor del Henares. Como muchos refugios, suele operar con recursos justos y agradece la colaboración ciudadana. Antes de la llegada de PAUTA, el centro ya contaba con un programa de voluntariado abierto a la comunidad, pero ninguna experiencia previa de voluntariado inclusivo con personas con discapacidad intelectual o TEA. La predisposición de los responsables fue muy positiva: vieron en el convenio no solo una forma de obtener ayuda, sino también una oportunidad de sensibilización social. Incluir a personas con autismo en tareas de voluntariado ordinarias encaja con la idea de “comunidad inclusiva” del ODS 11, donde todos los ciudadanos/as –con o sin discapacidad– participan y contribuyen en igualdad​.

En resumen, el contexto institucional y social permitió alinear intereses: PAUTA buscaba entornos reales donde las personas usuarias pudieran desarrollar habilidades pre-laborales con los apoyos adecuados, y el centro animal necesitaba manos amigas que mejoraran la calidad de vida de los animales. Ambos compartían además un objetivo de mayor alcance: demostrar que la inclusión es posible y beneficiosa para todos, derribando estereotipos.

Desarrollo de la actividad

Organización general: La actividad de paseo de perros se incorporó al calendario semanal del centro de día de PAUTA desde comienzos de 2018. Se formaron dos grupos de voluntarios/as de PAUTA, de 3 a 4 personas con TEA cada uno, acompañados siempre por dos profesionales de apoyo (monitores ocupacionales o educadores). Cada grupo acude al Centro de Protección Animal una vez por semana, durante una sesión de aproximadamente 2 horas. Los días y horas fueron acordados considerando los momentos de menor afluencia del público general en el refugio, para que la experiencia fuese lo más tranquila y estructurada posible.

Antes de iniciar, se llevaron a cabo acciones preparatorias clave:

  • Formación previa: Los profesionales de PAUTA recibieron capacitación por parte del personal del refugio sobre manejo básico de perros en entorno de protectora: normas de seguridad, uso de correa y arnés, lectura del lenguaje corporal canino (señales de estrés en el perro, etc.), higiene y protocolos ante incidentes. Aquí juega un papel importante una de las madres de una persona usuaria, que, con conocimientos de veterinaria, acude a la actividad como voluntaria y facilita que perros son los más adecuados para las personas que acuden.  A su vez, los profesionales de PAUTA impartieron a los/as profesionales del centro una breve formación en comunicación y apoyo a personas con autismo, explicando por ejemplo la necesidad de lenguaje sencillo, cómo anticipar las actividades con pictogramas o agendas visuales, y estrategias para reconducir situaciones de ansiedad. Esta formación cruzada fomentó un entendimiento mutuo y aclaró dudas.

 

  • Planificación centrada en la persona: Con cada participante, se elaboró un pequeño plan personal para la actividad. En reuniones de PCP se definieron objetivos individuales (p. ej., “… desarrollará mayor autonomía en una tarea laboral con supervisión mínima”, “… ampliará sus oportunidades de interacción social fuera del entorno familiar” o “… realizará actividad física regular al aire libre, mejorando su bienestar emocional”). También se identificaron posibles retos y apoyos. Cada plan incluyó las preferencias de la persona: quién prefiere pasear siempre al mismo perro (para generar familiaridad) frente a quién disfruta con variedad, quién necesita descansos durante la caminata, o qué señal usar para indicar que quiere cambiar de actividad. Todos estos detalles fueron documentados y compartidos con el equipo implicado.

 

Sesión inicial de acercamiento: La primera visita de cada grupo al centro se diseñó como sesión de encuentro. Las personas de PAUTA recorrieron las instalaciones acompañados/as por el personal del refugio, conocieron a algunos animales (inicialmente a través de las jaulas) y se les mostró paso a paso cómo sería un paseo. Se hizo hincapié en crear un ambiente cómodo. Aquellos participantes que quisieron probar a llevar la correa lo hicieron unos minutos en el propio recinto cerrado del centro, acompañados en binomio por un profesional detrás sujetando una segunda correa de seguridad. Esta sesión sirvió para romper el hielo y reducir la ansiedad ante lo nuevo tanto en personas como en perros.

 

  • Selección de perros adecuados: El equipo del refugio junto a la voluntaria de Pauta, conocedor del temperamento de cada animal, preparó también una selección de perros adecuados para ser paseados por las personas de PAUTA. Se eligen perros de carácter sociable y manejable, evitando aquellos demasiado grandes o enérgicos, o con problemas de conducta. Muchos son perros medianos tranquilos o seniors que necesitaban ejercicio suave. Esto garantiza la seguridad de todos: las personas usuarias de PAUTA podían llevar perros que no les supusieran una fuerza incontrolable, y los animales disfrutaban de compañía calmada. Cabe destacar que algunos cuidadores comentaron que los propios perros parecían adaptarse instintivamente al ritmo de los nuevos voluntarios/as, caminando de forma más pausada y dócil. De hecho, “las personas con autismo pueden convertir los paseos de perros en una experiencia calmante y estructurada para las mascotas”, tal como señalaba PAUTA en sus redes sociales, resaltando la afinidad especial que a veces se genera entre ellos y los animales.

Desarrollo de las sesiones: Una vez iniciada formalmente la actividad, cada sesión semanal seguía una rutina bien definida. La estructura consistente es importante para las personas usuarias, ya que les aporta predictibilidad y reduce incertidumbres. Por ello, siempre se sigue el mismo esquema básico:

  1. Llegada y saludo: El grupo de PAUTA llega al centro a la hora acordada. Son recibidos por un trabajador/a del refugio y la voluntaria de Pauta, quien ya los conoce por nombre. Se realiza un breve saludo y repaso de las normas del día (por ejemplo: “hoy hace calor, vamos a llevar agua para los perros”; “recordad, si un perro tira mucho, nos detenemos”). Esta introducción refuerza la sensación de acogida e inclusión.
  2. Asignación de parejas persona-perro: Cada participante de PAUTA es emparejado con un perro específico para ese día. En general, se ha intentado mantener un mismo grupo de animales, que tienda a generar parejas fijas para favorecer el vínculo, (salvo que un perro haya sido adoptado, en cuyo caso se presenta un nuevo compañero). Esta constancia ha permitido que se creen relaciones de confianza.
  3. Preparación para el paseo: Las personas de Pauta, con supervisión, colocan a cada perro su correa y proceden a salir a la zona de paseo. Al principio los profesionales de apoyo ayudaban en esta tarea técnica, pero con el tiempo varios participantes la realizan ya de forma autónoma, lo que refuerza su autoestima.
  4. El paseo en sí: Se realiza una caminata por los alrededores del centro, generalmente por una senda verde cercana o una zona poco transitada, durante unos 20-30 minutos, por perro. Cada persona con TEA lleva la correa de “su” perro. Un/a educador/a de PAUTA se mantiene cerca, atento para asistir si surge cualquier contratiempo, y la voluntaria de Pauta acompaña al grupo para asesorar sobre el comportamiento de los animales. En la práctica, las personas de PAUTA han demostrado gran responsabilidad: caminan al lado del perro de forma tranquila, deteniéndose cuando el perro olfatea o hace sus necesidades, siguiendo las indicaciones aprendidas. Para muchos de ellos/as, esta actividad resulta placentera; combinan ejercicio físico, contacto con el animal y un entorno al aire libre que les resulta estimulante, pero a la vez predecible. “Los perros facilitan el aprendizaje de destrezas necesarias para un funcionamiento adaptativo en el entorno, fomentando la participación y autonomía”, tal como explica Israel González, experto en intervenciones asistidas​. En este caso, se observa cómo las personas usuarias mejoran destrezas como caminar junto a otro ser, ajustar su velocidad, mantener la atención en la tarea y tolerar pequeñas distracciones, en un contexto real, pero sin las presiones de un entorno laboral competitivo.
  5. Interacción y juego: Tras la caminata principal, si el tiempo lo permite, se dedica unos minutos al juego o cepillado. En un patio seguro, los voluntarios/as  pueden soltar al perro y jugar a tirarle una pelota, acariciarlo o cepillarlo suavemente bajo supervisión. Este momento suele ser el favorito de todos: las personas usuarias muestran sonrisas y risas espontáneas jugando con los animales. Incluso aquellos con menores habilidades verbales encuentran formas de interactuar con el perro (a veces mediante sonidos o palmadas). Estas pequeñas victorias indican una mejora en la comunicación motivada por la presencia del animal, libre de juicios y más sencilla de interpretar que la comunicación humana​.
  6. Despedida y cuidados finales: Finalmente, se regresa a los perros a sus estancias. Los voluntarios/as de PAUTA les quitan la correa, les dejan agua fresca y se despiden de ellos hasta la próxima. Antes de marcharse, el grupo de PAUTA realiza con el personal una breve retroalimentación: se comenta cómo se ha sentido cada uno, si el perro estuvo tranquilo, si hubo alguna dificultad. Este cierre es importante para dar espacio a la expresión emocional. En casi todos se nota orgullo y alegría tras la jornada.

Testimonios:  En general, los testimonios coinciden en resaltar el carácter calmante, estructurado y beneficioso de estos paseos tanto para las personas usuarias como para los perros. Se trata de una dinámica de ganar-ganar: las personas usuarias de PAUTA ejercitan su independencia y forman parte activa de la comunidad, mientras que los perros reciben atención extra y paseos que mejoran su bienestar.

Resultados

Tras varios años de desarrollo, la colaboración PAUTA–Protectora ha arrojado resultados muy positivos, tanto cualitativos como cuantitativos. A continuación, se detallan los principales logros y beneficios documentados:

  • Mejora en el bienestar emocional y conductual de los/as participantes: Las personas usuarias de PAUTA involucrados muestran menores niveles de ansiedad y mayor autocontrol en comparación con días en que no realizan la actividad.Los/as profesionales atribuyen esto al efecto regulador que tiene el contacto con los animales: tal como señalan expertos, la interacción con perros actúa como catalizador emocional, facilitando la relajación​. El grupo de PAUTA regresan de la actividad sonrientes, menos estresados y con una sensación de logro que se extiende a su estado de ánimo general. 
  • Desarrollo de habilidades laborales y personales: La actividad, aunque en un contexto de voluntariado, tiene claros componentes pre-laborales. Los/as participantes han aprendido a cumplir un rol con responsabilidad (ser paseador/a de un perro) siguiendo un horario y unas tareas definidas. Esto ha fortalecido habilidades como:
    • Puntualidad y rutina: Saben qué día les toca ir al refugio y se preparan con antelación; varios han mejorado su autonomía en las mañanas previas (vistiéndose, preparando su mochila) motivados por la expectativa del paseo.
    • Trabajo en equipo: Durante la sesión colaboran entre ellos y con los/as monitores/as –por ejemplo, se ayudan a sujetar puertas o a rellenar los cuencos de agua de los perros. Han internalizado que forman un equipo de trabajo, reforzando sus habilidades sociales cooperativas
    • Comunicación funcional: Varias personas usuarias han ampliado su vocabulario relacionado con la actividad (palabras como correa, paseo, vete, quieto, etc.). Incluso quienes tienen grandes necesidades de apoyo en la comunicación han encontrado vías para hacerse entender en este contexto –por ejemplo, llevando de la mano al monitor hacia la caseta cuando quieren guardar la correa, o mostrando la tarjeta con el pictograma de “agua” cuando perciben que el perro tiene sed. 
    • Autodeterminación y confianza: Participar en una actividad valorada socialmente como es el voluntariado ha incrementado la autoestima de los/as participantes. Ellos/as no son receptores pasivos de apoyos, sino contribuyentes activos. Este cambio de rol (de beneficiario a voluntario) se traduce en mayor confianza en sí mismos. Las familias reportan que sus hijos “se sienten útiles” y lo expresan a su manera.
    •  La metodología PCP busca exactamente esto, dar poder a la persona y que controle su propia vida​ en efecto, al preguntarles si quieren continuar con la actividad, todos han manifestado su deseo de seguir, evidenciando que la eligen voluntariamente. Ninguno ha desistido desde el inicio del programa, lo cual habla de su éxito.
    • Condicionamiento físico y salud: Caminar semanalmente ha supuesto también un beneficio físico. Algunos/as participantes, que llevaban una vida muy sedentaria, han mejorado su condición física: reportan menos fatiga al moverse y han desarrollado algo más de coordinación motora al tener que adaptarse al paso del perro y sortear pequeñas irregularidades del terreno. Este punto conecta con la investigación de la URJC y Autismo Madrid sobre prevención de caídas mediante terapia con animales​ el paseo con perros podría estar ayudando a fortalecer el equilibrio y la marcha de las personas con TEA. Si bien en nuestro caso no se midió clínicamente.
    • Beneficios para los perros y el centro de protección animal: La otra cara de la moneda son los resultados en los animales y la entidad colaboradora. Los perros atendidos reciben un paseo adicional a la semana gracias a esta colaboración, lo que mejora claramente su bienestar. Un perro que sale de su jaula para caminar y jugar reduce sus niveles de estrés, se mantiene en mejor forma física y socializa más, incrementando sus posibilidades de adopción. El propio personal del refugio ha cuantificado que cada perro participante aumentó en un ~20% su tiempo semanal de esparcimiento gracias a los voluntarios/as de PAUTA. En nuestro caso, el refugio ha comenzado a difundir en redes imágenes de algunos de sus perros “paseando con amigos/as”, visibilizando tanto al animal como la labor de PAUTA. Varios de los perros que salían con las personas usuarias fueron adoptados tras pocas semanas, y las familias adoptantes comentaron que “vieron lo bien que se portaban con los voluntarios/as” en las fotos, lo que los animó a conocerlos. En términos operativos, la protectora ha recibido aproximadamente 100 horas de voluntariado adicionales cada seis meses, sumando las horas de todos los participantes de PAUTA. Esto alivia en parte la carga de trabajo del personal remunerado, que puede dedicar ese tiempo a otras tareas (por ejemplo, limpieza de cheniles o administración). El impacto económico es pequeño pero apreciable: estiman que equivaldría a haber contratado un auxiliar 4 horas semanales para paseos. Por supuesto, más allá de los números, destacan el clima positivo y de aprendizaje que ha traído esta inclusión. Los trabajadores/as del centro desarrollaron una actitud más abierta y competencias nuevas al interactuar con personas con discapacidad, convirtiéndose también ellos en agentes de inclusión. En cierto modo, el proyecto ha servido para concienciar: ahora los profesionales del refugio hablan con naturalidad y cariño de “los chavales de PAUTA” y reconocen sus capacidades, contribuyendo a derribar prejuicios en el sector de protección animal.
    • Satisfacción de familias y entorno: Las familias de las personas con TEA involucradas reportan alta satisfacción con la actividad. En encuestas realizadas por PAUTA, el 100% de los familiares indicaron que apoyarían que el programa continúe y que perciben mejorías en sus hijos/as. Mencionan que sus hijos/as “están más motivados los días que les toca voluntariado”.  Estos testimonios sugieren transferencia de los logros a otros contextos de la vida de los participantes, lo cual es un criterio esencial de éxito en cualquier intervención.
    • Dificultades encontradas y cómo se abordaron: No todo ha sido perfecto; enumeramos también los desafíos afrontados:
    • Al inicio, miedo o inseguridad de algunos/as participantes ante perros desconocidos. Solución: exposición gradual, permitiendo que primero observaran y luego interactuaran a su ritmo, nunca forzando el contacto. Hoy día, todos los voluntarios/as muestran confianza con sus perros asignados.
    • Dificultades de comprensión de las instrucciones por parte de alguna persona usuaria con mayores necesidades de apoyo. Solución: el uso de apoyos visuales (pictogramas de “parar”, “seguir”, “no soltar” etc. adheridos a la correa) y modelado in situ (el monitor/a guía físicamente las acciones las primeras veces). Con estas estrategias, incluso quienes no entendían órdenes verbales aprendieron la secuencia de tareas mediante repetición y consistencia.
    • Comportamiento inesperado de algún perro: en una ocasión un perro se asustó por un ruido fuerte y jaló bruscamente de la correa, desequilibrando a un voluntario de PAUTA. Gracias a la voluntaria de Pauta que estaba atenta, se recondujo el comportamiento del perro. Tras este incidente, se reforzó la regla de que siempre un profesional camine junto a cualquier voluntario que lleve un perro que pudiera tener reacciones repentinas, y se seleccionaron aún con más cuidado perros muy estables para según qué personas. También se entrenó a las personas usuarias en soltar la correa si sienten un tirón fuerte, priorizando su seguridad.
    • Coordinación interinstitucional: ajustar agendas, transporte (PAUTA pone un vehículo adaptado para llevar a todos/as) y firmar convenios llevó su tiempo burocrático. Sin embargo, una vez iniciado, el compromiso de ambas partes ha mantenido la continuidad sin cancelaciones significativas.

En balance, ningún obstáculo ha sido insalvable. La flexibilidad y el espíritu de colaboración han permitido ajustar el programa sobre la marcha, manteniendo siempre el enfoque en que la experiencia siga siendo positiva para todos.

En síntesis, los resultados respaldan que esta buena práctica logra sus objetivos centrales: mejorar la calidad de vida de las personas con TEA (en varias de las dimensiones propuestas por Schalock y Verdugo, como bienestar emocional, desarrollo personal, autodeterminación e inclusión social) y contribuir al bienestar animal en la comunidad. Tal y como anticipaban investigaciones y experiencias previas, la interacción con perros ha resultado ser una intervención beneficiosa y complementaria para personas con autismo, incrementando conductas positivas (más interacción social, comunicación y autocontrol) y reduciendo conductas negativas (estrés, aislamiento) ​.  Y, a la vez, hemos visto que los perros también se benefician: reciben ejercicio, atención y afecto extra. Este intercambio de apoyos ejemplifica cómo se pueden lograr sinergias entre el sector social de la discapacidad y el sector de protección animal, dos mundos que raramente habían confluido.

Impacto en los ODS

La experiencia de colaboración entre PAUTA y el centro de protección animal no solo genera resultados locales, sino que conecta con compromisos globales asumidos en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. A continuación, se analiza el impacto del proyecto en relación con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), apoyándonos en fuentes oficiales que vinculan discapacidad y ODS.

  • ODS 3: Salud y Bienestar. Aunque el ODS 3 (garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos) no menciona explícitamente la discapacidad, el proyecto contribuye a este objetivo al mejorar el bienestar físico y mental de los participantes con TEA. Como vimos, la actividad ha reducido estrés y mejorado la forma física de las personas usuarias, promoviendo hábitos saludables (ejercicio al aire libre, contacto con la naturaleza y los animales). La ONU destaca que las personas con discapacidad suelen tener peor salud y más dificultades de acceso a intervenciones efectivas​ como este, que llevan una intervención fuera del ámbito clínico y la hacen accesible a un grupo vulnerable, ayudan a cerrar esa brecha de bienestar. Además, al cuidar de los perros, los participantes también contribuyen al bienestar animal, alineándose con una noción ampliada de salud (One Health). Es un ejemplo de cómo el bienestar humano y el animal pueden ir de la mano para comunidades más saludables.
  • ODS 4: Educación de Calidad (inclusiva y equitativa). Si bien nuestros protagonistas son adultos, el aprendizaje es continuo a lo largo de la vida. El proyecto brinda una oportunidad educativa no formal a personas con discapacidad intelectual, enseñándoles habilidades prácticas y sociales en un entorno real. La Agenda 2030 enfatiza la educación inclusiva en el ODS 4, y España, a través de su Estrategia de Discapacidad 2022-2030, subraya que la formación y aprendizaje permanente de las personas con discapacidad es crucial para su desarrollo​. Aquí vemos educación en valores (respeto a los animales, trabajo en equipo) y formación para el empleo (adquisición de competencias laborales) aplicada de forma innovadora. Además, la metodología PCP asegura que este aprendizaje sea personalizado, cumpliendo con la meta 4.5 de eliminar disparidades en educación por condición de discapacidad. Podemos considerar que cada paseo de perros es también un aula abierta donde las personas con TEA aprenden haciendo, con los apoyos necesarios, cumpliendo el espíritu inclusivo del ODS 4.
  • ODS 8: Trabajo Decente y Crecimiento Económico. Una de las referencias explícitas a discapacidad en los ODS es el objetivo 8, que aboga por el empleo pleno y productivo de las personas con discapacidad​. La Fundación ONCE resalta en un informe de 2023 que sus programas inciden en 13 de los 17 ODS, particularmente el 8, creando miles de puestos de trabajo para personas con discapacidad​. Nuestro proyecto, si bien es voluntariado no remunerado, es un escalón en la ruta hacia el empleo decente para los participantes. Gracias a esta práctica, han desarrollado habilidades laborales blandas (puntualidad, responsabilidad, trabajo en equipo) que aumentan su empleabilidad. De hecho, PAUTA espera que esta experiencia pueda servir como práctica pre-profesional: en un futuro, alguno de estos voluntarios/as podría ser candidato a un empleo con apoyo, tal vez en ámbitos relacionados como auxiliar de clínica veterinaria, monitor de granja escuela, u otros trabajos al aire libre. Asimismo, el proyecto visibiliza la capacidad laboral de personas con grandes necesidades de apoyo, combatiendo prejuicios en empleadores locales. Que personas con TEA contribuyan activamente refuerza el mensaje de que pueden desempeñar un trabajo valioso –directamente relacionado con la meta 8.5, que busca lograr empleo pleno, productivo y adaptado para personas con discapacidad. Además, el ODS 8 también promueve el crecimiento económico inclusivo. Aquí, la colaboración se traduce en un uso más eficiente de recursos sociales (al sumar voluntarios/as y mejorar la efectividad del refugio, se ahorran costes y se generan mejores resultados, aunque no sea medible en PIB, sí en capital social). Es, en esencia, un ejemplo de economía social y solidaria, donde el valor generado no es sólo monetario sino de cohesión social.
  • ODS 10: Reducción de las Desigualdades. El ODS 10 pretende reducir las desigualdades, incluyendo la inclusión social, económica y política de todas las personas, independientemente de su condición. La discapacidad intelectual y el autismo suelen situar a las personas en desventaja social, con riesgo de exclusión. De hecho, un informe de la ONU reveló que la proporción de personas con discapacidad que viven por debajo del umbral de pobreza es mayor que la de personas sin discapacidad, debido a barreras sistémicas​. Este proyecto aporta su granito de arena a disminuir esas desigualdades al proporcionar a los participantes con TEA una plataforma para ser visibles, útiles y valorados en la comunidad. En lugar de estar segregados o inactivos, pasan a ser voluntarios/as reconocidos públicamente por su labor. La iniciativa ha aparecido en boletines municipales y redes sociales locales destacando la contribución de las personas con autismo, lo que combate estereotipos y promueve una imagen de iguales derechos y capacidades. En términos de resultados concretos: los participantes amplían sus redes sociales (interactúan con personal del refugio, con otros voluntarios/as, con visitantes que acuden a adoptar), saliendo de círculos cerrados. Esto aumenta su inclusión y reduce la brecha que suele existir entre personas con TEA y el resto de la ciudadanía. Como dijo Fernando Riaño (Grupo Social ONCE), “sin inclusión no hay verdadera sostenibilidad”, recordando que la discapacidad es un asunto transversal en la Agenda 2030​. Nuestro proyecto encarna ese principio, demostrando que incluir a personas con discapacidad en programas comunitarios es viable y enriquecedor. Cabe mencionar también la meta 10.2 de los ODS, que busca promover la inclusión social para todos, y 10.3, que aboga por la igualdad de oportunidades eliminando prácticas discriminatorias. La colaboración PAUTA-Refugio es un ejemplo directo de cómo se puede dar cumplimiento a estas metas: quitando barreras (prejuicios, falta de apoyos) para que un grupo tradicionalmente discriminado participe en igualdad de condiciones en una actividad comunitaria.
  • ODS 11: Ciudades y Comunidades Sostenibles (inclusivas, seguras y resilientes). La Agenda 2030 subraya en el ODS 11 la creación de entornos urbanos inclusivos, con espacios y servicios accesibles para personas con discapacidad​. Aunque esta meta suele referirse a accesibilidad física o transporte, hay un componente intangible: la inclusión en la vida comunitaria. El proyecto ha permitido que personas con autismo, que a veces llevan vidas muy aisladas, estén presentes y activas en la comunidad de una forma segura. El entorno del refugio y las rutas de paseo se convirtieron en espacios inclusivos, donde conviven ciudadanos diversos. Es conmovedor ver cómo vecinos que pasean sus propios perros por la zona se cruzan con el grupo de PAUTA y los saludan con naturalidad, integrándolos en el paisaje cotidiano. Así es como se construye una comunidad verdaderamente inclusiva: no solo eliminando barreras arquitectónicas, sino haciendo que todos los miembros (incluyendo quienes tienen mayores apoyos) participen en actividades locales. En términos de resiliencia comunitaria, esta alianza crea lazos de solidaridad: la protectora y la asociación de autismo se apoyan mutuamente, forjando una red colaborativa que fortalece el tejido social local. Adicionalmente, el componente medioambiental y de sostenibilidad está presente: el cuidado de animales abandonados y la promoción de su adopción es parte de tener comunidades más humanas y sostenibles en el sentido amplio (ODS 15 de protección de la vida terrestre, aunque sea indirecto). Pero sobre todo, ODS 11 se refleja en la meta 11.7 de proporcionar acceso universal a espacios verdes y públicos seguros y inclusivos, “en particular para las personas con discapacidad”.
  • ODS 17: Alianzas para lograr los Objetivos. Este objetivo subraya que la colaboración entre distintos actores es clave para alcanzar los ODS. Aquí tenemos una alianza innovadora entre una entidad del tercer sector (PAUTA, ámbito discapacidad) y una entidad de protección animal/administración local (Mancomunidad Henares-Jarama). A primera vista, sus misiones son diferentes, pero encontraron un objetivo común alineado con el desarrollo sostenible: la inclusión y el bienestar compartido. La Fundación Aquae enfatiza que la Agenda 2030 ha servido de hoja de ruta para que organizaciones de todo tipo articulen colaboraciones hacia metas comunes​. La propia presencia de la discapacidad en los ODS es fruto de alianzas globales y aboga por alianzas locales. Nuestro proyecto es un ejemplo concreto a pequeña escala: ha requerido cooperación intersectorial, movilización de recursos (tiempo de profesionales, voluntarios/as, etc.) y aprendizaje mutuo entre equipos que antes no tenían relación. Esta alianza no solo benefició a sus participantes directos, sino que sienta un precedente replicable. Otras asociaciones o ayuntamientos han mostrado interés en el modelo tras conocerlo en jornadas (por ejemplo, en el Día Internacional de las Personas con Discapacidad o el Día Mundial de los Animales se presentó como buena práctica). El efecto multiplicador es una aspiración del ODS 17: compartir conocimientos y buenas prácticas para escalar soluciones. Asimismo, ODS 17 habla de apoyar los objetivos mediante alianzas público-privadas y de la sociedad civil. Aquí vemos claramente la materialización de ese punto: un ente público (mancomunidad) y una ONG (PAUTA) suman fuerzas, apoyados indirectamente por la comunidad (voluntarios/as, familias) e incluso empresas locales que han donado material (una clínica veterinaria donó collares especiales adaptados a las manos de los chicos para mejor agarre). Esta red colaborativa es un microcosmos de cómo la Agenda 2030 debe implementarse: con partnerships innovadoras. Además, la alianza ha dado visibilidad a los ODS en sí; por ejemplo, PAUTA en su boletín interno explicó cómo esta actividad aporta a los ODS, educando a su personal y familias sobre la Agenda 2030, lo cual incrementa la conciencia global desde lo local.

Conclusiones

La experiencia descrita muestra cómo una planificación centrada en la persona, apoyada en un modelo integral de calidad de vida y alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, puede dar lugar a una práctica innovadora que beneficia simultáneamente a colectivos distintos.  Podemos extraer varias conclusiones y lecciones aprendidas:

1. Valor de la colaboración interdisciplinar: La unión de dos ámbitos tradicionalmente separados –discapacidad intelectual y protección animal– ha generado sinergias extraordinarias. Lejos de ser un esfuerzo asistencial unidireccional, ha sido un intercambio donde todos ganan: las personas con TEA encontraron un rol significativo y los animales recibieron cuidados adicionales. Esto refuerza la idea de que la innovación social a menudo surge de alianzas poco convencionales, y que salir de los silos sectoriales enriquece las soluciones. Las entidades sociales deberían explorar colaboraciones más allá de su zona de confort, pues pueden hallar apoyos mutuos inesperados.

2. Importancia de la PCP y los apoyos individualizados: Este proyecto no hubiera tenido el mismo éxito sin el enfoque personalizado. Cada detalle –desde elegir quién participa, emparejar cada persona con el perro adecuado, hasta ajustar la forma de comunicación– se pensó poniendo a la persona en el centro. La PCP demostró, una vez más, ser “el principal enfoque en el apoyo a personas con distintos intereses”, permitiendo que la actividad se adaptara a las capacidades y sueños de los participantes. La consecuencia directa fue ver a personas con grandes necesidades de apoyo sobresalir en un entorno comunitario, cuando se les brindaron las condiciones propicias. Esto subraya la máxima: con los apoyos adecuados, las personas con discapacidad pueden ejercer control sobre sus vidas y sorprender a su comunidad. Además, la orientación a la calidad de vida aseguró que miráramos los resultados holísticamente: no se trataba solo de “ocupar el tiempo” de los usuarios, sino de impactar en su bienestar emocional, sus relaciones, su inclusión y sus derechos.

3. Evidencia de mejoras tangibles: A través de testimonios y datos recopilados, se constata que la actividad produjo mejoras tangibles y significativas. Participantes más tranquilos, comunicativos y autónomos; perros más sociables y relajados; familias más contentas y esperanzadas; profesionales con nuevas competencias y actitudes… Son muchos pequeños logros que en conjunto pintan un panorama de éxito. Especialmente destacable es la temporalidad que este proyecto lleva funcionando. Cada nuevo curso, el proyecto se nutre de nuevas personas participantes, de nuevos perros y de la voluntad de las entidades para mejorar la calidad de las acciones.  Estas mejoras contribuyen a los objetivos personales de cada uno (por ejemplo, un participante ahora aspira a realizar prácticas laborales en una tienda de mascotas, algo que antes ni contemplaba). Asimismo, la protectora ha visto un impacto en sus indicadores (más paseos, alguna adopción facilitada), demostrando que integrar a voluntarios/as con discapacidad no merma la eficiencia, sino que puede potenciarla en ciertos aspectos.

4. Sostenibilidad y futuro del programa: El programa de paseos está concebido con vocación de continuidad. Ambas entidades han manifestado intención de renovarlo y ampliarlo. Se planifica involucrar a más usuarios/as de PAUTA, las familias. Siempre de forma voluntaria y según sus intereses e incluso replicar la idea en otros centros de protección animal de la región. Esto último podría lograrse compartiendo el modelo con otras asociaciones miembro de Plena Inclusión o Autismo España, en cuyo marco PAUTA ha difundido la experiencia. De hecho, la práctica fue presentada en el I Encuentro de Buenas Prácticas de Empleo de Plena Inclusión Madrid, generando interés de otras entidades que podrían adoptarla adaptándola a su realidad. Se evaluará también la posibilidad de acreditar esta formación ocupacional: por ejemplo, otorgar un certificado de “Asistente de cuidado canino” a quienes participen durante cierto tiempo, lo cual enriquecería su currículum de cara a un empleo protegido o apoyado. La sostenibilidad está prácticamente asegurada dada la baja inversión económica requerida (esencialmente transporte y acompañamiento, ya cubiertos por PAUTA) y los altos beneficios sociales generados. Además, contribuye a los ODS, lo que puede abrir puertas a financiación externa o patrocinios en el futuro (empresas comprometidas con la Agenda 2030 podrían apoyar su expansión).

5. Impacto en la comunidad y cambio de miradas: Un resultado intangible pero fundamental es el cambio de actitudes en la comunidad. Historias como esta contribuyen a romper barreras mentales: demuestran que las personas con discapacidad intelectual no solo pueden recibir ayuda, sino también brindarla. Ver a jóvenes con autismo colaborando en una actividad apreciada socialmente genera admiración y respeto, ayudando a desterrar estigmas. En paralelo, quienes trabajan en el ámbito de los animales aprenden sobre inclusión y normalizan la diversidad funcional en sus espacios. Como comentábamos, los ODS enfatizan que la discapacidad debe integrarse en todas las agendas​ aquí se integró en la agenda de bienestar animal local, con éxito. Cada trabajador del refugio, cada vecino que presencia los paseos, se lleva un mensaje potente de inclusión. Este efecto sensibilizador puede inspirar a más personas a buscar formas de incluir a colectivos vulnerables en otras facetas de la vida comunitaria.

En conclusión, la colaboración entre Asociación PAUTA y el Centro de Protección Animal Henares-Jarama se erige como una buena práctica modélica en varios sentidos: es innovadora, centrada en la persona, mejora la calidad de vida, crea comunidad inclusiva y aporta al cumplimiento de objetivos globales de desarrollo sostenible. Ha logrado convertir una necesidad en una oportunidad: la necesidad de pasear a los perros abandonados y la necesidad de inclusión socio-laboral de personas con TEA se resolvieron simultáneamente mediante un ingenioso proyecto común.

Esta iniciativa nos recuerda que la verdadera inclusión implica pensar “fuera de la caja” y confiar en las capacidades de las personas con discapacidad. Cuando la sociedad les brinda las estructuras de apoyo necesarias, ellas pueden no solo participar, sino también liderar y contribuir de formas insospechadas. Como diría un miembro de PAUTA, “no se trata de adaptar a la persona al puesto, sino de crear puestos adaptados a la persona; y a veces esos puestos pueden estar en lugares tan inesperados como una protectora de animales”. Integrar perspectivas (discapacidad, bienestar animal, voluntariado) ha dado frutos hermosos en este caso.

 

Para finalizar, enlazamos con la visión de la Agenda 2030: “que nadie se quede atrás”​.  En este proyecto, personas con autismo, con grandes necesidades de apoyo –habitualmente marginadas de muchas experiencias sociales– no solo no se quedaron atrás, sino que salieron al frente, caminando junto a sus perros y sus apoyos, abriendo camino a una sociedad más inclusiva, compasiva y sostenible. Esta buena práctica sienta un precedente inspirador para replicar en otros lugares y ámbitos, demostrando que la inclusión es posible cuando se planifica centrada en la persona, con creatividad y colaboración. Como resultado, se enriquece la vida de las personas con discapacidad, se mejora la comunidad y se avanza hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible con pasos firmes y, en este caso, acompañados por patas amigas.

Referencias:

  • Asociación PAUTA. Misión, visión y proyectos. Página web oficial asociacionpauta.org​asociacionpauta.org.
  • El País (2019). Los animales abandonados no cuadran: centros saturados. Datos sobre abandonos y saturación en refugios de Madrid​elpais.com​elpais.com.
  • Autismo España (2021). Entrevista: Perros de asistencia y autismo. Nota sobre valorar interés en perros y beneficios potenciales​autismo.org.es​autismo.org.es.
  • 20 Minutos (2023). Los beneficios de la terapia con perros en niños con TEA. Estudio Clínic-IDIBAPS sobre reducción de crisis y mejora emocional con perros​20minutos.es​20minutos.es.
  • Diario Veterinario (2020). Beneficios de las mascotas en familias con niños autistas. Resalta reducción de estrés y aumento de interacción social gracias a los animales de compañía​diarioveterinario.com​diarioveterinario.com.
  • Servimedia (2023). Proyecto de terapias asistidas con perros en adultos con TEA (Autismo Madrid – URJC). Destaca mejora de autonomía, comunicación y marcha mediante perros​servimedia.es​servimedia.es.
  • Fundación Aquae – Fernando Riaño (2021). “No hay ODS sin inclusión”. Expone la relación entre Agenda 2030 y personas con discapacidad, mencionando ODS 4,8,10,11,17​fundacionaquae.org​fundacionaquae.org.
  • Fundación ONCE (2023). Contribución a los ODS en lectura fácil. Señala esfuerzos en ODS 8 (empleo) y voluntariado inclusivo​fundaciononce.es​fundaciononce.es.
  • Plena Inclusión & CERMI (2018). Guía ODS y derechos de personas con discapacidad. Orienta a organizaciones a alinear sus acciones con los ODS​plenainclusionmadrid.org​plenainclusionmadrid.org.
  • Schalock, R. & Verdugo, M. A. (2003). Modelo de Calidad de Vida. Definición de las 8 dimensiones del bienestar para personas con discapacidad​plenainclusion.org​plenainclusion.org.
  • Guía de Planificación Centrada en la Persona (Plena Inclusión, 2009). Conceptos y claves de la PCP​
  • Som360 (2021). Actividades con perros y personas con TEA. Artículo de Gemma Vilanova sobre por qué los perros facilitan la interacción social en TEA y beneficios observados​tea.som360.org​tea.som360.org.
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