Nuestro proyecto de buena práctica surge, por un lado, de la necesidad de dar respuesta a objetivos planteados por nuestros usuarios a través de los PPA (los Planes Personales de Apoyo), en los que cada vez más, nos piden trabajar objetivos relacionados con el aprendizaje de habilidades de la vida diaria para cada vez más adquirir más autonomía; y por otro lado, surge de la “preocupación” por la búsqueda de un nuevo modelo de vivienda, en la que se pueda ir avanzando a una vida cada vez más inclusiva y cada vez más autónoma para nuestros usuarios.
Creemos que en nuestro compromiso como Fundación PRODE que como propósito busca “acompañar a cada persona en el desarrollo de una vida con sentido basada en la búsqueda de la felicidad”; debíamos dar respuesta a estas nuevas necesidades.
Poder llevar una vida independiente, además de constituir una aspiración legítima de toda persona, es asimismo un derecho amparado por la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006), en cuyo artículo 19 se reconoce el derecho de todas las personas con discapacidad a decidir dónde quieren vivir y con quién quieren hacerlo.
Con esta experiencia se ha pretendido explorar y sistematizar un itinerario hacia la vida independiente. Entendemos por vida independiente, el derecho de poder optar a una vida cada vez más inclusiva, cada vez más independiente y autodeterminada.
En esta experiencia han participado dos personas usuarias de las viviendas tuteladas 1-3, y dos personas usuarias de las viviendas tuteladas A-D de Fundación PRODE.
Al crearse un itinerario de aprendizaje- práctica se da pie, para que esta experiencia pueda seguir desarrollándose en el tiempo y extrapolándose a más personas.